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LAS MEMORIAS DE PABLO

Esta próximo a salir el libro de "Memorias de Pablo", visión, vivencias y reflexiones, que han aparecido en dos textos publicados en este blog, y que hoy forman parte de una lectura mayor, a propósito de la crisis de la izquierda peruana, y la necesidad de renovarse de cara al siglo XXI. Ponemos en este espacio, un adelanto del libro. César Torres Nonajulca PRESENTACION Escribir sobre política es una tarea poco fácil, mucho más cuando se intenta pensar en las vivencias y experiencias transitadas. Esta historia no ha sido fácil de escribir. En algún lugar Pablo guarda recuerdos que no compartirá; son sólo de absoluto conocimiento personal. De seguro no son buenos, agradables y no aptos para entender. No son presente ni futuro, sólo pasado, y ahí se quedaron; no los escribirá, por más fuego que le queme, por más dolor que exprese. Porque, cuenta él, le vienen de cuando en vez, no sólo para preguntar todo tipo de cosas sin respuestas sino –también- para explicar una lágrima en su rostro, curtido por la vida y que, de siempre, al final, dibuja una sonrisa, casi despreciativa y burlona, que muchos detestan en su personalidad. Todos los procesos que vivió lo hacen, como dice una musa generosa, único, porque sintetiza palabra y acción. Una imagen de caminante, haciendo camino al andar. Una vida que hemos visto muchas veces asumida como el Látigo Negro en una versión quijotesca sobre la justicia, y de Robín Hood en su relación con el pueblo, de compromiso ético para servir al pueblo de todo corazón. Pablo empezó a vivir políticamente desde 1974, como obrero, a los 14 años. Lleno de pasión para la lucha, ha vivido una serie de acontecimientos, en primera línea. Se educó y se fortaleció en el fragor de la línea sindical clasista, en la lucha por espacios para una nueva ciudadanía en un nuevo país. Asumió la dialéctica como forma de ver todo. Lo que sigue son la visión y acciones políticas en casi 40 años de militancia marxista, junto con relatos de diversas vivencias, en los innumerables momentos de los días y las noches sin descanso; de debates y reflexiones que hoy, a la luz de los años retornan no sólo como recuerdos sino como experiencia que permite vivir con más certezas, que todos los procesos transitados permiten templar el acero de los plebeyos porque, al igual que él, no somos cortesanos ni de la realeza, que a sangre y fuego defiende su poder; somos plebeyos, como el gran pueblo, y porque también provenimos de la mejor tradición obrera y sanmarquina; en una palabra, militantes y ciudadanos a tiempo completo. En estas páginas Pablo hace saber que están abiertas las ventanas, que mirar el pasado es un paso hacia el futuro, haciéndonos conscientes que tenemos que construir amplias alamedas por donde marchen hombres y mujeres en libertad y plena dignidad como seres humanos, felices y llenos de esperanza. EDUARDO DE LA CRUZ TELLO INTRODUCCIÓN No es esto el relato de mi vida, es la presentación de los diversos procesos vividos en la búsqueda de la libertad y la justicia, a fin de alcanzar la felicidad, como fin supremo de la política. No encontrarán aquí vivencias sólo personales, son vivencias colectivas; experiencias que sólo fueron posible asumiendo retos para templar el acero, el acero de los plebeyos, como signo distintivo de pueblo, de donde procedo y hacia donde voy. Provengo de genes piuranos, en una simbiosis entre genes andinos y africanos. Mi madre es hija de campesinos de las alturas de Piura, de la serranía de Ayabaca, y mi padre era un zambo colorado de Morropón, viejo enclave de esclavos africanos. Por eso siempre señalo que soy mitad andino y mitad africano; aunque sospecho que en mis genes andinos hay también procedencia asiática, de los primeros en llegar a las costas del país hace miles de años. Mi niñez y mi infancia se me fueron rápido, a los 10 años; producto de mi situación familiar salí a trabajar, recorriendo calles y plazas, vendiendo papel higiénico o platos, en mercados o puerta por puerta, y en un trabajo fallido en cierto almacén de revistas de superhéroes. En esas largas caminatas de trabajo conocí un ciudadano búlgaro que tenía fabrica metalmecánica; me ofreció trabajo. Acepté. Empecé a los 14 años, previo permiso del Ministerio de Trabajo, en 1974, a laborar como obrero. Aprendí rápido, me incorporé con todos mis derechos; era la época de la Comunidad Industrial, y de la revolución militar. Algo llamaría la atención del señor Danailov, así se llamaba el dueño, que me inculcó desde el principio su cultura europea; insistió en que estudiara y leyera. Con los obreros de su fábrica íbamos al teatro y organizábamos jornadas deportivas. Paralelamente, siendo miembro de la Comunidad Industrial tuve mis primeras cercanías con el poder; asistía a las reuniones del Ministerio de Industria y nos capacitaban. Pasé de niño a adulto en forma abrupta, escuchando junto a viejos y curtidos obreros el discurso de Velasco. Proseguí mi secundaria, salí de la G.U.E “F.S. Salaverry” y pasé al C.P. “Nueva Educación” matriculado como alumno diurno, pero -en realidad- estudiando en la nocturna; el colegio quedaba en los altos de la Federación de Construcción Civil, base de la CGTP. Como si mi vida estuviera guiada desde el inicio, allí estaba, en un local sindical, sin adivinar que en los gremios haría una gran parte de mi aprendizaje como marxista y caminante. Años de trabajo incansable para organizar la “revolución”, durante años, hasta 1993, en que hice un alto, y luego, como marxista independiente, tenaz organizador de la lucha por el poder para el pueblo, desde la base local, regional y nacional. Derrotado en los ‘90 para construir partido, propositivo en el nuevo milenio para desarrollar movimiento legitimado en el poder del pueblo, con propuesta ideológica y programática, basado en la felicidad como fin de la política en el siglo XXI. En eso estamos; haciendo más caminos en esa dirección. PABLO
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